Como nos esforzamos, nosotros, los seres humanos en buscar la perfección, ese mito popular que parece existir desde hace siglos entre nosotros. Pero como todo mito hay una parte de verdad y otra de ficción, en este caso la única verdad es las ganas que tiene cada persona por ser perfecta, por conseguir la manera de llegar a ocupar ese lugar que piensa que desea. Y para eso busca modelos a seguir, irreales por completo, porque estos modelos también buscan ser perfectos y se sienten unas inmundas cucarachas. Y desesperados buscamos ser partes de esos que dicen ser felices, mienten, porque a su vez ellos buscan ser dioses, y los dioses no existen. Es así, un inmenso laberinto y locura popular, un mar de decepciones y de pretensiones, y así nos regodeamos en nuestros "no soy" "no tengo", en vez de disfrutar lo que somos y tenemos. Y así se lo inculcamos a nuestros hijos, les enseñamos a no soñar, a no mirar sorprendidos a la gente que duerme en la calle porque "queda mal", a no llorar, a no demostrar sentimientos, a buscar la estabilidad monetaria y no espiritual, a no expresarse. Todo esto porque los pueden juzgar, porque tal vez si demuestran que son diferentes no van a lograr ser igual que todos.

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