Y de golpe esa estúpida vocecita que te dice: DECIDÍ. Nadie entiende, ni yo, ni nadie, no puedo y punto. Me ato con todas mis fuerzas a eso que me mantiene a flote, pero se que esta a punto de hundirse. No tiene sentido, lo se, pero ¿que importa? No se vive la vida buscando una lógica, o por lo menos nunca encontré la manera de vivirla así.
La vocecita insiste, y me despierta ganas de romper todo lo que encuentre, de gritar, de escupir lo que llevo dentro y sentirme bien. Se que si lo hago me vuelvo una pluma y me voy, siguiendo el impulso de una corriente de aire. Pero me quedo, me niego y me quedo. Siempre lo mismo, elijo lo complicado, porque duele menos y ya es costumbre.
Tal vez puede ser, que no es verdad lo que cantan las canciones, lo que escriben los autores y poetas, no siempre el corazón esta en lo correcto, debe haber veces en las que hay que prestarle atención a la cabeza. Pero es muy simple, lo que pienso no me gusta, y lo que siento me tranquiliza, al menos por el momento.

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