miércoles, 18 de enero de 2012


Creo que las personas vivimos en el medio de dos mundos, el de la realidad y el de la fantasía. La fantasía de nuestros sueños y las realidades de nuestro al rededor. Y como existen millones de realidades, algunas aceptadas y otras ignoradas, existen muchas clases de sueños.
Están los que olvidas apenas abrís los ojos, los que son sólo un árbol en el medio de un bosque gigante.
Los que te acordás aunque pasen y pasen los años.
Los que intentas reprimir con todas tus fuerzas, pero ya salieron a flote y allí se van a quedar.
Los que te gustan, aunque no tengan ni principio ni final, solo porque de alguna manera te transmiten la paz que en la realidad no encontrás.
Los que te transportan a lugares insospechados, irreconocibles para la razón, dónde te sentís cómodo sin cuestionarte el porqué ni el cómo.
Los que te angustian hasta las lagrimas, los que te persiguen con los ojos abiertos y te asustan con los ojos cerrados.
Y están los mas lindos, los que elegís soñar. Los que creas y configuras a tu manera, los que ves, sentís y disfrutás. Los que soñás en ese estado en el que vivís continuamente. Esos sueños que soñás despierto.



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