Comidas hiper super extremadamente calóricas en pleno verano de la ciudad de Buenos Aires, papa noeles con trajes pesados “rojos cocacola”, barbas blancas, ojos claros y lentes de abuelo, regalos, pirotecnia que lastima a animales (no hablo de perros y gatos si no de los que prenden la mecha), y una desesperante ALEGRIA OBLIGATORIA que debes sentir, o por lo menos hacerle creer a todos que sentís, a no ser que quieras escuchar la típica frase: ¿Por qué esa cara? ES NAVIDAD! Ok, si ya entendí.
No me importa sonar pesimista, hasta a mí me molesta pensarlo de esta manera, y es que tengo dos posturas sobre las fiestas. Una es la que razono y comparto ahora, y la otra es la inculcada por tíos, abuelos, padres, maestros, publicidades, promociones de supermercado, etc. ME MOLESTA la hipocresía de la sociedad festejando a lo gringo, me molesta que papa Noel no venga en bermudas, que no se afeite, me da asco imaginármelo transpirado y con olor a chivo, me molesta la manera de festejar, no el festejo en si.
Igual, volviendo a la hipocresía, a la mía en este caso, pienso pasarlo así, por lo menos hasta que tenga los suficientes años de terapia encima como para superar la culpa que me va a generar irme a pasar las fiestas a las ruinas de Machu Picchu.

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